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Home Facts Victims and Survivors Colombia Cuatro d?as en busca de los cad?veres de la masacre en comunidad de paz de San Jos? de Apartad?
Cuatro d?as en busca de los cad?veres de la masacre en comunidad de paz de San Jos? de Apartad? PDF Print E-mail
El reconocido fot?grafo Jes?s Abad Colorado acompa?? a los habitantes de la localidad, y esta es su historia.

No puedo guardar m?s silencio. Estuve cuatro d?as con la Comunidad de Paz de San Jos? de Apartad?. Quise viajar a la zona para documentar fotogr?ficamente la b?squeda de sus l?deres y familiares asesinados, en las veredas del ca??n del R?o Mulatos, en la Serran?a de Abibe. A un lado Antioquia, al otro C?rdoba. Una regi?n rica en bosques y aguas, que desde hace una d?cada no cesa de ver parir, huir y morir a sus antiguos due?os, los campesinos. Muchos de ellos de la Comunidad de Paz.

Jueves 24 de febrero

En la noche recib? un correo con la tr?gica noticia del asesinato de siete personas de la Comunidad de Paz. "No podemos decir m?s, el dolor nos embarga tan profundamente que solo podemos llorar...". El comunicado responsabilizaba a miembros del Ej?rcito por las muertes y anunciaba la salida de una comisi?n hacia la vereda La Resbalosa, a nueve horas de San Jos?, para buscar los cuerpos.

Desde 1997, a?o en que conoc? la poblaci?n en el Urab? antioque?o, despu?s de la declaratoria de Comunidad de Paz, he visto crecer el Monumento a la Memoria. Est? hecho en piedras que traen del r?o y en cada una escriben el nombre de las personas asesinadas. Ya suman m?s de 150.

Viernes 25 de febrero

Llegu? a Urab? pasadas las 10 y 30 am. Con una persona de la Comunidad, viajamos en un "chivero" hasta el corregimiento. Llegamos antes del mediod?a. El calor era intenso y los pocos pobladores que hab?a esperaban con ansiedad el reporte de los acompa?antes internacionales, quienes hab?an partido con los campesinos en la madrugada hasta La Resbalosa.

A la 1 y 30 pm lleg? el reporte. "La comisi?n de la Comunidad de Paz hab?a llegado antes del mediod?a, primero que las autoridades judiciales. No cre?an que se lograra hacer las exhumaciones de todos los cuerpos esa tarde". El regreso ser?a al otro d?a. Le ped? el favor a las dos personas que me hab?an esperado que parti?ramos. Con muchas dudas, bendiciones y algo de alimentaci?n partimos a las 2 pm.

El ascenso por uno de los brazos de la Serran?a de Abibe comenz? r?pido. El miedo a la llegada de la oscuridad me empujaba m?s de lo que pod?a caminar la mula. La voz tranquila de Pedro*, uno de los campesinos, me volvi? la calma. "Estos animales saben para d?nde vamos y regulan su paso, si lo apura, no tendr? energ?a para subir al Alto de Chontalito".

Casi a las 4 pm, nos alcanz? Don Alberto*, un hombre de manos grandes y fuertes. "Es que esos muertos tienen muchos dolientes y eran como nuestros hijos", recalca. El camino se hizo menos largo y tenso con sus historias duras y dulces y por el amor que le tienen a esta tierra. A pesar del dolor y el miedo, estaban llenos de dignidad y esperanza.

"Mire estas monta?as tan bellas y productivas y ahora tan abandonadas. Mi padre nos levant? en ellas. Esta es mi vida. Aqu? vivo con mi mujer y mis hijos y as? sea con yuca y cacao vamos a sobrevivir. No pienso desplazarme, ya lo hemos hecho y eso es muy duro. Son 8 o 9 a?os de persecuci?n y atropellos. Es una rabia que manejan con nosotros, incluso de parte del Estado. Todo por no hacerle el juego a ninguno que maneje armas, todos quieren utilizarnos".

La tarde fue cayendo, el fr?o de la neblina nos borr? el paisaje monta?oso. A los lados, un bosque tupido y los micos tit? que saltaban huyendo. Est?bamos pr?ximos al alto de Chontalito, en una de las crestas de la Serran?a de Abibe. La bajada fue m?s dura de lo imaginado, pero me alegr? el horizonte, un poco m?s despejado, y ver el ca??n del R?o Mulatos. Eran las 6 pm y, frente al cerro Chontalito, del cual descend?amos, nuestro destino, las monta?as de La Resbalosa. Estas dividen a Antioquia de C?rdoba, con el municipio de Tierralta.

A las 7 y 15 pm, escuchamos el ruido de dos helic?pteros que sal?an de la monta?a. Entendimos que hab?a terminado la exhumaci?n. Minutos m?s tarde nos topamos con la comisi?n que hab?a partido en la madrugada. Eran cerca de 80 personas que, a pie y a caballo, bajaban de la finca de Alfonso Bol?var Tuberquia, uno de los l?deres de la Comunidad de Paz asesinados y en cuya cacaotera fueron encontrados las fosas con los cuerpos mutilados. Una fila interminable de luces y corazones partidos por el dolor descendi? r?pidamente desde La Resbalosa hasta el R?o Mulatos. Hubo silencio. S?lo escuch?bamos las chicharras y los jadeos de las bestias.

En el r?o, iluminado por la luna, la comisi?n se detuvo un momento a esperar otro grupo. Varios l?deres nos informaron que los cuerpos encontrados fueron cinco. "Hab?a huellas de tiros en la cocina, unas palabras escritas con tiz?n de le?a y manchas de sangre por el piso y de una mano que se resbalaba por la madera. Los cuerpos estaban en dos fosas, a pocos metros de la casa y en medio de la cacaotera. All? encontramos a Alfonso Bol?var, su esposa Sandra Milena Mu?oz y a sus hijos Santiago, de 20 meses, y Natalia Andrea, de 6 a?os. Tambi?n encontramos el cuerpo de Alejandro P?rez, que trabajaba en la recolecci?n de cacao con Alfonso. Hubo trabajadores que huyeron. A los adultos los descuartizaron, solo quedaron en tronco. A la ni?a de 6 a?os le cortaron un brazo y le abrieron el vientre, igual que al ni?o de 20 meses. Luis Eduardo Guerra y su familia no estaban en las fosas, pero una comisi?n sali? antes del anochecer para verificar en algunos sitios cercanos al r?o, donde fueron detenidos".

Minutos despu?s, aparece la otra comisi?n con la noticia de que hab?an hallado el sitio donde estaban los otros cuerpos. Luis Eduardo, Deiner y Beyanira. "Est?n r?o abajo y al aire libre, m?s all? de la escuela y a un lado del camino que lleva al antiguo centro de salud de Mulatos. La cabeza del ni?o la vimos a orillas del r?o y cerca de los cad?veres. Hay que madrugar pues los "chulos" (gallinazos) se los est?n comiendo". Nos devolvimos por la cabecera del r?o cerca de media hora; nadie quiso hablar. S?lo el sonido del agua que descend?a de la Serran?a de Abibe estaba en sus ojos y o?dos.

Son casi las 10 pm y estamos junto a una peque?a casa de madera y techo de paja. Hay una sola habitaci?n y varias familias.

Una de las mujeres de la comunidad, que relata es nacida en esta zona, cuenta que "hasta hace una d?cada viv?amos unas 200 familias en todo el Ca??n del Mulatos. Hab?a tiendas comunitarias, escuela, centro de salud y de eso no hay sino ruinas. Tanta incursi?n armada y las muertes de campesinos nos han ido sacando de nuestras tierras. Hace un a?o hab?a cerca de 90 familias y con una incursi?n de Ej?rcito y paramilitares s?lo quedaron como 16. Ahora, qui?n sabe cu?ntas van a quedar".

Otros campesinos se?alan el ca??n de Mulatos y hablan de Nueva Antioquia en Turbo. "Desde all?, los paramilitares han organizado muchas incursiones y las coordinan con el Ej?rcito. Con la desmovilizaci?n del Bloque Bananeros y la llegada de la polic?a al corregimiento de Nueva Antioquia, han montado otros grupos y campamentos m?s adentro, hacia esta zona lim?trofe con Mulatos, en un lugar conocido como Rodoxali".

La noche es clara por la luna. El grupo se prepara para dormir, unos contra otros y bajo el mismo cielo.

S?bado 26 de febrero

El d?a empieza desde las 5 am. La comisi?n se reparte tareas. Un grupo regresa a San Jos? de Apartad?, para preparar el sepelio. Otro bajar? a cuidar los cuerpos y esperar? a que hagan el levantamiento. Los acompa?an miembros de las Brigadas Internacionales de Paz (BPI) y de Fellowship of Reconciliation (FOR). Uno peque?o, debe buscar yucas y preparar algo de alimento.

El grupo en que voy con cerca de 40 personas, parte a las 6 de la ma?ana. 40 minutos despu?s de caminar por el lecho del r?o, los gallinazos advierten la llegada al sitio. A orillas del Mulatos, que por esta ?poca est? un poco seco, se encuentra lo que queda de la cabeza del ni?o de Luis Eduardo, Deiner Andr?s, de 11 a?os: el cr?neo y algunas v?rtebras. 15 metros m?s arriba, est? el resto del cuerpo del ni?o y el de su padre. Tambi?n el de Beyanira Areiza, de 17 a?os y compa?era de Luis Eduardo. Sus cuerpos est?n entrecruzados. De ellos poco queda. No hay se?ales de tiros en sus cabezas. El cuerpo del ni?o y su padre a?n tienen las botas puestas. Beyanira, no. Est? descalza y su cuerpo est? una parte sobre el de Deiner y el resto doblado contra el de Luis Eduardo. La sudadera verde de Beyanira est? remangada a la altura de la rodilla. Cerca del cr?neo del ni?o, a 5 o 6 metros, est? un machete tirado entre la maleza que bordea el r?o. 30 metros m?s abajo, en la mitad del Mulatos, entre las piedras, est? una bota peque?a y negra de Beyanira y 15 metros m?s all? est? la otra, casi partida de un tajo a la altura de la espinilla. Muy cerca est? otro machete.

Los miembros de la Comunidad de Paz, se detienen y observan el cr?neo del ni?o. Luego suben hasta los cuerpos. No hay l?grimas. Sus ojos miran y se ausentan. No hay palabras. El silencio lo rompen uno de los l?deres y el abogado: "Que nadie vaya a coger alg?n elemento en los alrededores. Las pruebas no se pueden tocar. Es importante que la Fiscal?a los recoja para la investigaci?n".

El grupo se retira a la otra orilla. S?lo ahora el llanto de una hermana de Luis Eduardo, que se queda a su lado, hace eco y taladra hondo en este silencio. Las l?grimas ruedan ahora por muchas mejillas. Pasan los minutos y las horas y nada de helic?pteros, ni comisiones de fiscales. Los brigadistas desde un satelital se comunican y recuerdan, una y otra vez, el sitio de recogida de los cuerpos.

A las 11 am, llega el desayuno. El d?a est? despejado y se nos informa que hay una nueva familia esperando para desplazarse en la casa donde amanecimos. Varios j?venes armados de caucheras lanzan piedras a los gallinazos que se arremolinan en las copas de los ?rboles y a los cerdos que merodean.

Son las 2 y 30 pm. Los acompa?antes de BPI, al ver que no llega la Fiscal?a y sin posibilidades de comunicaci?n con sus sedes, deciden regresar a San Jos?. Ofrecen regresar al otro d?a o el env?o de un nuevo equipo de brigadistas en caso que se sigan demorando las diligencias. El grupo de la Comunidad decide permanecer cuidando los cuerpos.

A las 4 pm, el ruido de dos helic?pteros anuncia la llegada de la Fiscal?a. Eso creen todos. El grupo se dirige hasta el micropuesto de salud con las banderas blancas, donde hay un lugar despejado para el aterrizaje. Tratan de llamar la atenci?n de los pilotos. Estos llegan hasta La Resbalosa, baja un helic?ptero y otro vigila desde el aire, luego se dirigen a El Barro, baja nuevamente el mismo helic?ptero y descargan la tropa que recogen en La Resbalosa. Repiten una y otra vez la operaci?n hasta completar cuatro o cinco viajes. Estas acciones no duran, pues ambas monta?as est?n frente a frente y, por la mitad, baja el R?o Mulatos. A pie, el camino es de una hora. Los campesinos volean sus camisas, prenden fuego, hacen malabares, pero los helic?pteros se pierden de nuevo entre las nubes.

A las 5 y 15 pm, llega una comisi?n de soldados y polic?as. No se acercan, preguntan por los representantes de la Comunidad y les piden hablar a solas. Va uno de los l?deres con el abogado. M?s tarde, un capit?n de la Polic?a me llama y se presenta de manera muy amable, es el capit?n Castro. Me pregunta para qui?n trabajo y si puedo hacerle una serie de fotograf?as a los cuerpos, para las diligencias del levantamiento, por si no llega la Fiscal?a.

Al devolverme, los campesinos me dicen que un soldado sin identificaci?n se llev? el machete que estaba cerca de las botas de Beyanira. El soldado lo limpia y lo afila contra las piedras. Al ver que lo observo, se voltea de espalda. Al bajar el abogado y el representante de la comunidad les cuentan y estos suben a hablar con el capit?n. Le piden informar al superior del Ej?rcito "porque es una manipulaci?n de pruebas". Al regresar donde se encuentran los campesinos, est?n en mayor zozobra. "El soldado que cogi? el machete, pas? por nuestro lado y, sin verg?enza o pena por lo que vivimos, nos hizo se?as y dijo que ese machete era el degollador".

El oficial plantea que hasta el d?a siguiente no va a ser posible el levantamiento, que amanecer? en un lugar cercano y va a vigilar que los animales no sigan destrozando los cuerpos. El representante de la Comunidad y el abogado, les informan a este oficial y al del Ej?rcito que al d?a siguiente "la comunidad har? dos comisiones, una regresar? hasta el mismo sitio a esperar que recojan los cuerpos y otra saldr? hasta la vereda El Barro, donde no se sabe nada de algunas familias, a pesar que viven muy cerca". El oficial del Ej?rcito les responde que en esa vereda est?n ellos y all? no hay familias. La comunidad insiste. A las 7 pm regresa al sitio de dormida.

Domingo 27 de febrero

Antes de las 5 am, tres personas se encargan de sacrificar un cerdo. El chillido intenso y lento del animal nos despierta. Su eco flota durante minutos en el bosque. Luego, como todos estos d?as, regresa el silencio.

Son las 6 am. La primera comisi?n parte con el abogado hasta el sitio donde se encuentran los cuerpos de Luis Eduardo, Deiner y Beyanira. Las 14 personas que salen hacia la vereda El Barro me piden que los acompa?e. Salimos r?o abajo. Nos desviamos 20 minutos despu?s y subimos. La fila se detiene un momento. Hay un ret?n de tres uniformados. Preguntan a los campesinos qu? hacen en este sitio. Ellos dan la explicaci?n. Un soldado tiene insignias en el brazo, del Batall?n 33 Cacique Lutaima. Los otros dos no tienen nada. Me preguntan qui?n soy y porqu? estoy con el grupo. Les explico de mi trabajo documental y sobre la b?squeda de varias familias de este sector de las que no se sabe nada despu?s de los hechos ocurridos el d?a lunes 21 o martes 22. El soldado habla con los otros dos y luego sube hasta donde hay m?s uniformados. Al momento baja y nos deja pasar. Advierte que algunos metros adelante hay un pozo donde se ba?an varios soldados. Pasamos y est?n lavando su ropa.

A escasas dos cuadras, est?n tres casas de madera y techo de zinc. En la primera hay un letrero hecho con tiz?n. "Fuera guerrilla, se lo dice tu peor pesadilla El Cacique"; encima se lee: "El alacr?n BCG 33". No hay nadie en ella. Las personas que la habitan est?n en las otras dos viviendas, muy cerca una de otra. Dos ni?as le arrojan ma?z a las gallinas y a una marrana con cuatro cr?os. Cuando ven llegar la comisi?n con la bandera de la Comunidad, salen y saludan. Un hombre mayor, sentado en una butaca, cierra la biblia y sonr?e. Llama a dos mujeres que est?n en la cocina. Detr?s de la comisi?n llegaron tres uniformados y se quedan pendientes entre las casas. Otro hombre, sin camisa y con sombrero, sale de una habitaci?n y saluda muy t?mido. Es Rigo*, dicen los campesinos.

La mujer m?s joven le da pecho a un beb? y la abuela habla en voz baja. Quiere saber desde cu?ndo estamos en la zona y si venimos por ellas. Da gracias a Dios porque va a terminar esta pesadilla. "Empez? el lunes que llegaron y no nos han dejado salir. A Rigo, que es vecino tambi?n lo tienen detenido. No le permiten ni ir a su casa que est? al frente, en la otra monta?a. Tiene a su mujer y sus hijos solos. Me interrogan y amenazan, porque dicen que soy la enfermera de la guerrilla. Con ellos vino Melaza que es un paraco. Es la tercera vez que viene a mi casa con el Ej?rcito, dijo que va a acabar con todos los de la Comunidad de Paz porque son una manada de hp guerrilleros y que si le toca le da a los extranjeros. Que estamos en una zona que es de ellos y les pertenece. A mis hijas las han amenazado con cortarles la cabeza cuando van al pozo por el agua. Han hecho varios huecos buscando armas..."

Uno de los miembros de la Comunidad le cuenta que est?n desde el viernes en la zona. Primero en La Resbalosa y luego cerca a Cantarrana, a 30 minutos. Le dice que a?n faltan por sacar varios cuerpos. Est?n el de Luis Eduardo, Deiner y Beyanira. Los ojos de la mujer se llenan de l?grimas. Nos toma las manos y habla m?s bajo: "entonces ?es verdad que los mataron? ?Por qu? les hicieron eso? Yo le dije a Luis Eduardo que no se fuera esa ma?ana para la cacaotera a recoger esos granos. Sab?amos que ven?an haciendo un operativo. No me falt? sino rogarle para que se fuera a San Jos?... ?l no hizo caso porque no ten?a miedo, adem?s necesitaba el dinero para llevar el ni?o a revisi?n. Sali? en la ma?ana y qued? de regresar, pero no lo hizo. Esta gente, lleg? despu?s del mediod?a el lunes (21 de febrero) y no hemos hecho sino sufrir. Nos la hemos pasado rezando hasta hoy, que llegan ustedes. Escasamente nos dejaron coger un poco de ma?z. Como el mi?rcoles, nos dijeron que hab?an matado unos guerrilleros en el r?o, que uno iba con la mujer y el hijo. Yo les dije, ?no ser? que ustedes mataron a Luis Eduardo y el ni?o? Ellos son de mi familia. Beyanira es su compa?era. Ellos cambiaron y al momento dijeron, eso los mataron los paramilitares".

Me acerco hasta uno de los soldados y comparto algunas apreciaciones sobre el dolor de los campesinos en Colombia y le cuento que este viaje me tiene sacudido por los hechos que lo rodean. Visiblemente afectado, me dice: "son los campesinos quienes siempre pierden todo. F?jese que esta familia va a dejar hasta sus marranos". Le pregunto desde cuando est? en la zona. "Desde el lunes" responde . "?Aqu? en El Barro?", pregunto. "No, entramos por Las Nieves el s?bado y aqu? llegamos el lunes".

A las 10 y 30 am, las familias est?n listas para su desplazamiento. Hay mucha tristeza, pero tambi?n alegr?a. El graffiti de la primera casa ha sido borrado por los uniformados. Regresamos al sitio de amanecida. Las dos comisiones se han encontrado y saludan a las nuevas familias.

El ruido de dos helic?pteros que salen del ca??n del R?o Mulatos, anuncia que culminaron las diligencias del levantamiento de Luis Eduardo, Deiner y Beyanira.

Despu?s del mediod?a, una romer?a de campesinos con algunos enseres y animales inicia el ascenso al Alto de Chontalito. Vamos rumbo a San Jos? de Apartad?.

A las 7 pm, agotados por la jornada entramos al corregimiento de San Jos?. Muchas personas salen al encuentro. "?D?nde est?n los colegas de la prensa?", pregunto a los habitantes. No hay respuesta. No ha llegado nadie.

La poblaci?n est? alrededor del sal?n comunal. All?, est?n los cuerpos de Alejandro P?rez, Alfonso Bol?var Tuberquia y Sandra Mu?oz, sus hijos Santiago y Natalia. Los habitantes de la Comunidad de Paz y su consejo decidieron esperar que estuvieran todos los cuerpos para hacer un sepelio colectivo. Antes de la medianoche son tra?dos al pueblo en un campero. Vienen acompa?ados del sacerdote jesuita Javier Giraldo y de Gloria Cuartas. Ella como alcaldesa de Apartad?, vi? nacer esta comunidad. Lunes 28 de febrero

Son las 7 y 30 am. El obispo de Apartad? aparece un momento. Antes de las 8 se ha ido ya.

La misa se inicia a las 8 y 30 am, cuando llegan los campesinos de las veredas cercanas. Es una misa donde se pide la verdad, se clama justicia y respeto a la dignidad de esta Comunidad de Paz.

Mientras camino en este entierro, miro a los ojos de los j?venes, hombres y mujeres que estuvieron en la b?squeda de su l?der y sus familias, a los nuevos hu?rfanos y a las viudas de siempre. Es demasiado dolor. Las personas que v? caminar valientemente por monta?as y quebradas, est?n doblegadas en este camposanto de San Jos? de Apartad?.

* Nombres cambiados.

Jes?s Abad Colorado
Especial para EL TIEMPO


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Marzo 26 de 2005
El riesgo de los se?alamientos (Atando cabos)


La tragedia de San Jos? de Apartad? demuestra que as? el presidente ?lvaro Uribe insista en negar la existencia de un conflicto armado en Colombia, una parte importante de la poblaci?n nacional vive, o m?s bien trata de sobrevivir, en medio del fuego cruzado entre los grupos guerrilleros, los paramilitares y las fuerzas de seguridad del Estado.

La situaci?n es, y ha sido desde hace m?s de 20 a?os, dram?tica para muchos campesinos que unas veces son se?alados como c?mplices de la guerrilla y otras como colaboradores del ej?rcito y los paramilitares.

Esa posici?n ha hecho de la Colombia campesina el blanco m?s vulnerable y m?s f?cil de alcanzar para los actores del conflicto. Las masacres, los asesinatos selectivos, las desapariciones y el desplazamiento forzado as? lo demuestran.

No se entiende entonces en este contexto la declaraci?n del primer mandatario el pasado 20 de marzo en la que afirma que varios l?deres de la comunidad de paz en cuesti?n han sido se?alados por algunos residentes como colaboradores de las Farc sin que las autoridades competentes se hayan pronunciado.

Esa declaraci?n, en vez de apurar las investigaciones para que se sepa la verdad del caso, corre el riesgo de ser interpretada con una justificaci?n de lo ocurrido en Urab?.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia lo dijo muy claro en un comunicado el pasado 22 de marzo: "Mientras no haya una decisi?n judicial que declare a determinadas personas como responsables de esos delitos, es aconsejable abstenerse de hacer afirmaciones que puedan poner en peligro la vida o la integridad f?sica de los miembros de la comunidad de paz, o que provoquen su desplazamiento forzado."

Es m?s, ya se lo hab?a dicho la Corte Constitucional al presidente Uribe a trav?s de un fallo de tutela en enero pasado: "Debe abstenerse de emitir cualquier declaraci?n o afirmaci?n que lesione o ponga en riesgo tal categor?a de derechos (los derechos fundamentales)" y m?s "trat?ndose de sujetos de especial protecci?n constitucional tales como los defensores de derechos humanos, los reinsertados, los desplazados por la violencia o los miembros de comunidades de paz (...)".

La justicia es el gran ausente del caso colombiano. Y esa ausencia ha abonado el terreno para que prolifere la justicia por las v?as de hecho. Por esta raz?n es fundamental que los depositarios del uso leg?timo de la fuerza y quienes representan el estado de derecho sean los primeros en tener en cuenta los procesos judiciales y en no adelantarse a las investigaciones con pronunciamientos que pueden poner en riesgo la vida de ciudadanos inocentes.

Carlos Fernando Gal?n
 

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